El más perfecto y maligno homicida, de entre todos los perfectos y malignos homicidas que en el mundo han existido, nunca asesinó a nadie. Sin embargo, fundó una religión que negaba la idea de persona, es decir, su doctrina teológica implicaba que el hombre no era más que una insignificante representación de la Nada, y como insignificante representación de la Nada, carecía de realidad auténtica, de esencia y de presencia; pura fantasmagoría, el hombre preexistiría en su desfiguración.
«(…) es tan solo el truco vacío de un prestidigitador que finge que existe cuando, como todo el mundo podrá admitir en seguida, no existe en absoluto: es el reflejo que finge que aquello reflejado no es él mismo fingiéndose una existencia más allá de su actuación. ¿Y cómo podría la Nada representar al hombre, si es precisamente la Nada? ¡Ilusos, ilusos y mil veces ilusos!», respondía él, muy acalorado, pues siempre le hacían las mismas preguntas y, harto de responderlas —su vicio era responder—, se desgañitaba contra todo aquel que pudiera oírle. Y continuaba: «si algo puede representar es la Nada. ¿Qué mejor que la Nada para representar? Como no hay Nada, la representación es perfecta y la Nada adopta la forma concreta de lo representado: lo representado, al ser representado por la Nada y no por algo que no es él mismo, se vuelve Nada sin dejar de ser, aparentemente, lo que es. El mejor truco del Diablo, escribió algún literato, es fingir que no existe. ¿Y qué hace la Nada mejor que cualquier otra cosa, sino fingir que no existe, siendo probablemente lo único real, lo único ontológicamente necesario y, diría aún más, notoriamente eficaz? De la Nada no puede surgir nada, dicen los curas y los timoratos. ¡Al infierno con ellos! ¿De qué va a surgir cualquier cosa si no es de la Nada? ¡Ineptos! ¡Es que la Nada es solo simulación de movimiento! Si algo surge, es porque antes no era nada, por lo tanto, todo surge de la Nada: nadas concretas, nadas difusas, nadas esenciales. ¿Acaso os creéis que no hay un ejército de Nadas allí afuera, como seminaristas lujuriosos, esperando que una Luz Celestial los envista con su claridad y les conceda dignísima preexistencia?
»No habéis entendido la Nada. Incluso Dios, al que concederemos su prestigio de creador, debió surgir de la Nada. La idea de un Dios que existe desde siempre es una idea más absurda que aquella que pretende suplantar: la idea de un Dios que surgió, como todo, de la Nada, pero la hizo su maestra y le robó su sabiduría. ¿Decimos que la Nada siempre existió? ¡Qué chifladura! La Nada no existe, es simplemente Nada, y sólo aparece en las representaciones que genera. Como verán, la exposición tiene toda lógica, y cualquiera que quiera ponerle un pero a la doctrina antes debería negar la idea de la Nada. Nadie, sin embargo, tan tonto y tan osado como para pretender tal cosa. Se puede negar a Dios, la moral, la materia, todo, absolutamente todo, todo menos la Nada, única verdad autoevidente… Solamente el ser es, y lo que no es, no es. ¡Tremenda basura pedagógica! ¡Puro binarismo cuantificable! ¿Cómo podría legislar el Ser sus excepciones? Sólo la Nada, que no es Nada sino infinita y vacua representación de sí misma, tiene permiso para operaciones de índole pre-metafísica».
Un dato acerca de su biografía, que al más perfecto y maligno de los homicidas le encantaba narrar para ofrecerle un contexto humano a sus hipótesis: él mismo amamantó a la Nada. Al nacer, le gustaba decir, fue expulsado de la Nada, pero su misma expulsión fue el escenario recreativo que la Nada había escogido para expresarse por ese fetichismo filosófico que algunos conocen como principio de individuación, sin embargo, para truncar estos esfuerzos de ese gran dramaturgo hipócrita que es la Nada, comenzó a amamantarla. A la Nada no le gusta que la amamanten: si la Nada tuviera alguna idea, esa sería la idea fuerte de su destete: la Nada se cree totalmente destetada, cualidad que jamás reconoce en nadie más. Si cada cual es nada más y nada menos que una representación en sí y para sí, por decirlo en términos idealistas, ¿con qué derecho habría de superar lo representado la etapa de la lactancia? Lo representado se amamanta a sí mismo, sin duda, pero como lo representado es Nada y para colmo es representado por la Nada, entonces es como decir, más económicamente, que la Nada nos amamanta aunque no tenga mamas, ni leche materna ni cualquier cosa que se le parezca: por no tener la Nada no tiene ni bebés que amamantar… ¡En fin! Quizá el problema más difícil de superar del apofatismo de nuestro más perfecto y maligno homicida sea precisamente su necesaria derivación absoluta a la digresión. En cuanto uno comienza a cavilar, a buscar regularidades entre la Nada, en seguida se pierde y comienza a dar vueltas en círculos. ¡Pero no son círculos normales! Puesto que sus pies trazan un círculo mientras su cabeza una elipsis…
Para terminar, porque habrá que terminar, es decir, que ponerle fin a esta perpetua circularidad de la retórica negativa, habrá que recordar simplemente la parábola del sembrador. Supongamos que la Nada, un día, se pone a sembrar… ¿Cómo podría la Nada cosechar cualquier cosa que no fuera ya ella misma, es decir, Nada?
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