martes, 10 de marzo de 2026

Soy estúpido y quimérico, pero nunca he abandonado nada.

En una de sus cartas desde la cárcel, fechada el 13 de agosto de 1946, el escritor francés Louis-Ferdinand Céline le dice a su esposa Lucette lo siguiente:

«Lo mejor sería que te mudaras con el gato y fueses a vivir sola, pero bajo su protección, ¡atención! Eres un pequeño genio de la danza. Nadie te llega a la altura del betún y, naturalmente, ¡te envidian por eso, pobre tesoro mío! Yo te quiero más que nada en el mundo. Nunca se me ha ocurrido la idea de ponerte en paralelo con ninguna otra persona. Tu carta me extraña. ¿Es que no me conoces? Ese tipo de capricho ni siquiera se me ocurre. Tú estás hecha para cerrarme los ojos, es el destino y se acabó… no se hable más. Pero tienes que mudarte. Ahora me doy cuenta. La combinación es imposible. Pero no deben separarte de ningún modo de Bébert. Prefiero la muerte —cien veces— a esa última ruina, a la ruptura de esa última fidelidad. Jamás. No le sobreviviría yo. Si te quitan Bébert, pido en el acto mi repatriación a Charbonnière. Soy estúpido y quimérico, pero nunca he abandonado nada. Ni a un amigo, ni a una mujer, ni a un enfermo, ni un animal. Prefiero morir».

No hay comentarios: